“El imperio contraataca” por Ezequiel Fernández Moores

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Joseph Blatter, era previsible, rechazó la invitación para declarar hoy en el Capitolio. ¿Para qué meterse en la boca del león? El senador Tea Party Jerry Moran, líder de la iniciativa, sí contará con Andrew Jennings. El periodista británico reiterará ante el Senado de Estados Unidos parte del prólogo que escribió especialmente para FIFA: La caída de un imperio, la flamante edición en español de Omertá, el libro que, según afirma, ayudó al FBI a destapar el escándalo de corrupción de la FIFA. “Los gangsters que privatizaron el deporte -escribió Jennings sobre Blatter y sus amigos- llegaron a pensar que robar ingresos del fútbol era una prerrogativa que Dios les había dado.” El presidente de la FIFA sí hablará en cambio el lunes próximo en conferencia de prensa en Zurich. Los que más lo conocen temen nuevas sorpresas. Recuerdan que en su discurso de capitulación del 2 de junio pasado, Blatter anunció nuevas elecciones, sin su presencia. Y que usó 556 palabras. Pero jamás dijo la palabra clave: “renuncio”. El sábado siguiente, 25 de julio, Blatter también se animará a abandonar territorio suizo. Irá al sorteo de la eliminatoria europea del Mundial 2018. Sabe que el FBI no tendrá ninguna chance para un eventual arresto. El sorteo se celebrará en la Rusia de su amigo Vladimir Putin.

Hay derecho a la sospecha. ¿Cómo no hacerlo si, desde aquel discurso, Blatter dejó trascender primero que podía seguir si no aparecen sucesores que reúnan una buena mayoría? Luego aclaró que no había renunciado, sino que había puesto su cargo a disposición. “No estoy listo ni para ir al museo -dijo-, ni para ser una figura de cera.” Y en sus últimas declaraciones públicas, lejos de tirar la toalla, Blatter acusó a los ex presidentes de Francia y de Alemania Nicolas Sarkozy y Christian Wulff de tratar de influir para que Qatar fuera elegida sede del Mundial 2022 en la polémica doble votación del 2 de diciembre de 2010 que también asignó a Rusia la Copa de 2018. “Miren a las compañías alemanas”, desafió Blatter. Y precisó que Deutsche Bahn, la principal empresa ferroviaria de Alemania, la constructora Hochtief “y muchas más, trabajaban desde antes en Qatar”. ¿Europa se dio cuenta de las esclavizantes condiciones de trabajo a las que son sometidos desde siempre los obreros migrantes en Qatar sólo después de la votación de 2010?, se preguntó Blatter. La misma Qatar, me agrega por correo otra fuente de la FIFA, que aportó fondos a fundaciones del ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton y del ex premier británico Tony Blair. Política, lobby y negocios sí. Fútbol no. “Estoy para luchar”, avisó Blatter en su última declaración. Y dijo que no tenía dudas. “La duda -afirmó- es el mayor enemigo de un líder.”

¿Por qué Europa, continente líder y único que se opone mayoritariamente a Blatter, no aprovechó el discurso del 2 de junio para presionar con un candidato que pudiera precipitar en ese momento la salida del suizo? El candidato más fuerte, el ex jugador francés Michel Platini, titular de la UEFA, sabe que está dañado y que no tiene el imprescindible apoyo de África y de Asia. Su voto por Qatar 2022, aunque negó presiones, sucedió tras una reunión en el Elíseo con el Emir de Qatar y con Sarkozy, conferencista muy bien remunerado en Doha. Y su hijo mayor, el abogado Laurent Platini, es director europeo de Qatar Sports Investment (QSI), brazo deportivo inversor del gobierno qatarí, dueño del campeón francés PSG. El alemán Franz Beckenbauer, el otro gran ex crack establishment del fútbol europeo, sugirió que apoyó a Australia en la votación de 2010. Pero eso fue en primera rueda. Jamás precisó a quién votó en las ruedas siguientes. Además, si la investigación sobre la FIFA incluyera también a Europa, y no sólo a dirigentes del Tercer Mundo, Beckenbauer podría quedar tocado por las denuncias de supuestos sobornos y acuerdos políticos que permitieron a Alemania ganarle sorpresivamente la sede del Mundial 2010 a Sudáfrica por apenas un voto. Inglaterra, el otro líder europeo opositor a Blatter, ganó nuevos odios después de que líderes políticos reclamaron el Mundial 2022 asignado a Qatar. El diario The Guardian llegó a pedirle a Greg Dyke, presidente de la Federación inglesa (FA), que al menos se calle la boca. ¿Y Angel Villar, presidente de la Federación española desde hace 27 años? La UEFA acaba de ascenderlo a vicepresidente primero. Es aliado incondicional de Blatter.

La FIFA de Blatter, que durante décadas amparó corruptelas exasperantes como las de Jack Warner, el ex presidente de la Concacaf acusado de quedarse hasta con donaciones para las víctimas del terremoto en Haití, confirmó su nueva línea dura. Acaba de suspender por siete años a Harold Mayne-Nicholls, el dirigente chileno que ranqueó a Qatar en el último puesto entre los países que aspiraban al Mundial 2022. Su pecado fue entregar a los investigadores de la FIFA hasta sus correos privados en los que pedía a Qatar si un hijo y un cuñado tenían chance de ir a la Academia Aspire, en Doha. Tres miembros del Comité Ejecutivo ya habían logrado trabajo en Qatar para sus hijos: el belga Michael D’Hoodge, el expulsado nigeriano Amos Adamu y Platini. El hijo del secretario general Jérôme Valcke es asesor de marketing por la CBF y el del español Villar es director general de la Conmebol. El Comité de Ética de la FIFA aplicó la sanción más dura, suspensión de por vida al estadounidense Chuck Blazer, el ex secretario general de la Concacaf que sirvió de “topo” al FBI. A cambio, logró reducción de pena para diez cargos y 75 años de prisión. Ayer declaró en Suiza José María Marín, el ex presidente de la Confederación Brasileña (CBF) acusado de recibir sobornos de Traffic. A los 83 años, Marín perdió peso, escribe un diario personal y llora en su prisión de Zurich, donde apenas comparte diálogo con un preso holandés que habla español. El tribunal le hizo escuchar ayer grabaciones en las que, supuestamente, pide coimas. Negó los cargos, calificó de endebles las pruebas en su contra y reiteró que apelará hasta la Corte Suprema de Suiza, aunque sus abogados negocian en Estados Unidos una eventual devolución de dinero, sin dar nombres como hizo Blazer. Mañana es el turno del uruguayo Eugenio Figueredo, ex presidente de la Conmebol, que pedirá otra vez arresto domiciliario, invocando sus 83 años de edad. El caimanés Jeffrey Webb, presidente de la Concacaf, según rumores, sería el único de los siete dirigentes FIFA arrestados en la célebre redada del FBI en el hotel cinco estrellas de Zurich que ya aceptó ser extraditado a Estados Unidos.

El fútbol made in USA, que tenía ya a Kaká y David Villa y sumó ahora a nuevos equipos, más dinero y a Steven Gerrard, Frank Lampard y Andrea Pirlo, vivió hace unos días un acontecimiento inusual cuando el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, cerró calles de la ciudad para recibir a la selección femenina que ganó el Mundial de la FIFA en Canadá. Los diarios ya no tienen que explicar la ley del offside o que la pelota no se toca con la mano. La final contra Japón se vio en más de 15 millones de hogares y superó a Gran Hermano. “Somos una nación de fútbol”, exageró Sunil Gulati, presidente de la Federación. Blatter, que hasta antes de la redada del FBI, viajaba por el mundo, prefirió faltar por primera vez a la final jugada en Vancouver, demasiado cerca de Estados Unidos. Envió en su lugar al camerunés Issa Hayatou, presidente de la Confederación Africana con séptimo mandato consecutivo. Ex rival y ahora firme aliado de Blatter, Hayatou, que es hijo de sultán y hermano de un ex jefe de gobierno, sugirió que él podría postularse para presidir la FIFA si el suizo deja el cargo. “No queremos que la FIFA termine como la ONU, donde cinco potencias con derecho a veto concentran el poder real”, dijo el ghanés Kwesi Nyantakyi, anticipando firme apoyo de toda Africa. Los últimos candidatos opositores a Blatter -recordó semanas atrás un gran artículo de Bloomberg-, el portugués Luis Figo, el holandés Michael van Praag y el príncipe jordano Alí, prometieron en su momento más dinero para repartir entre todas las Federaciones. “Si lo mejor que se les ocurre a los rivales de Sepp -ironiza el texto-, es ser más papistas que el papa, quizás es que Blatter era exactamente el hombre que el fútbol necesita.”

fuente: lanacion

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