“Políticamente incorrecto” por Hugo Presman

HugoPresman

Lo políticamente correcto es equivalente a las obviedades que en otras épocas se conocían como “verdades  de Perogrullo”. Una tradicional perogrullada sostenía “que era preferible ser rico y sano que pobre y enfermo”. Lo políticamente correcto tiene un marco más jerarquizado, reconocido socialmente, pero apenas se las desgrana aparece su rostro contradictorio o equivocado en relación con la realidad. Lo políticamente correcto es definido como “un término utilizado para describir lenguaje, ideas, políticas o comportamientos que se considera  buscan minimizar las ofensas a grupos étnicos, culturales o religiosos”. Lo políticamente correcto suele ser insípido y pretendidamente neutro por lo que pueden llegar a coincidir verbalmente el opresor y el oprimido, el de derecha y el de izquierda, el conservador y el populista y hasta el asesino y los familiares de las víctimas. Un pequeño muestrario: “Estoy a favor de la igualdad”; “la independencia del poder judicial”; “que se haga justicia”; “en contra del capitalismo de amigos”; “en contra de la corrupción”; a favor del ejercicio irrestricto de la libertad de prensa”, algunos ejemplos de una lista amplia y edulcorada.

Nota relacionada: ¿Giro a la derecha en una Europa en crisis?

Así como una verdad de Perogrullo significa que una cosa es tan sabida y conocida que resulta tonto decirla, lo políticamente correcto encubre en muchas ocasiones una afirmación pretenciosa que parece infaliblemente certera en el plano teórico, pero que  no se condice con la realidad, porque históricamente ha nacido para que sea contradecida por el contexto. Esta nota es políticamente incorrecta y analizará cuatro expresiones políticamente correctas usadas hasta el cansancio y como- decía José Ortega y Gasset- se utilizan  “como un tranvía del transporte intelectual”.

“AL GOBIERNO HAY QUE DARLE TIEMPO”

Para los que sostienen el libre mercado; un Estado pequeño y prescindente; flexibilización laboral; eliminación generalizada de subsidios; la apertura indiscriminada de la economía; enarbolan la teoría del derrame; celebran fervorosamente los ajustes; el endeudamiento exponencial; una inserción en el mundo que implica incluso ofrecer alegremente el lugar donde la espalda pierde su nombre, o sea, una política exterior alineada con el imperio, es lógico que consideren que hay que darle tiempo al gobierno de CAMBIEMOS, a pesar que éste ha hecho muchísimo en ese sentido en sus primeros siete meses.

Pero aquellos que creemos en un mercado controlado y regulado por el Estado; que es el Estado y no el mercado es el que debe actuar como redistribuidor de ingresos; que desarrolle potentes políticas industriales; que considere que los números sólo cierran, siempre y cuando la gente  quede adentro; que amplíe derechos; que implemente políticas que favorezcan a los sectores medios y populares; sostenga una política exterior todo lo independiente que sea posible considerando a  América Latina la Patria Grande, resulta hipócrita otorgar  tiempo a un gobierno que desde el primer día enarbola un modelo agro-exportador mixturado con el de rentabilidad financiera. Eso no significa apostar a la crisis, sino simplemente advertir sin rodeos ni eufemismos que se recorre un camino trillado con resultados inexorablemente conocidos, que se pueden calificar de desastrosos, apostando a la desprestigiada teoría del derrame.

“TODOS QUEREMOS QUE LE VAYA BIEN AL GOBIERNO PORQUE ASÍ NOS IRÁ BIEN A TODOS LOS ARGENTINOS”

Pocas cosas más hipócritas que esta frase políticamente correcta. Si el gobierno de Macri completa con eficacia el plan DADA (Devaluación, Ajuste, Deuda (Endeudamiento) y Apertura (de la economía), que retrotrae a la Argentina a un escenario cercano a los noventa, con una crisis superlativa en algún momento indeterminado,  sólo con beneficios para sectores minoritarios, no quiero “el éxito del gobierno” por la sencilla razón que es el fracaso para la mayoría de los argentinos. Pero al mismo tiempo, dialécticamente, no hay que apostar al estallido, porque la posición de “cuanto peor, mejor”, es dramática para la mayoría de los ciudadanos. Por primera vez un gobierno claramente de derecha llegó, en democracia, a la Casa Rosada en elecciones irreprochables. Es un hito, cuyo desarrollo completo, con sus daños enormes y costos inconmensurables, puede ser una divisoria de aguas en el contradictorio  aprendizaje de los pueblos.

Esto dicho, como decía el filósofo y político marxista Antonio Gramsci, desde el  optimismo de la voluntad, la esperanza que los ciudadanos no tropiecen varias veces con la misma piedra.

“EL CAPITALISMO DE AMIGOS”

Las burguesías inglesa y francesa realizaron su revolución y se apoderaron del poder político. Una clase es progresiva cuando para cumplir sus objetivos debe incorporar a su proyecto a otras clases sociales. La burguesía incorporó el trabajo asalariado que reemplazó al esclavo o al siervo, es decir el salto que dio la humanidad del feudalismo al capitalismo. El capitalismo hizo emerger a dos clases sociales: la burguesía y el proletariado. Pero la revolución hizo temblar a la burguesía. Por tomar la Bastilla, simbólicamente el pueblo se constituyó en el receptor de las tres banderas históricas: libertad, igualdad y fraternidad. La burguesía la ofreció como zanahoria y la alejó para que sea siempre un objetivo a alcanzar. La democracia moderna surgió ahí: el republicanismo, la división de poderes, habitan las tribunas,  mientras en la cancha reina el mercado que deviene mayoritariamente en concentración. La clase social se reparte los negocios. En este caso la burguesía como clase distribuye los frutos apetecidos. Es un capitalismo de amigos entre los integrantes de la misma clase social. En cambio los países subdesarrollados, lo son en buena medida por la debilidad o inexistencia de una burguesía. De ahí que es el Estado es el que intenta fortalecerla o en algunos casos sustituirla. Y entonces el Estado distribuye los negocios entre los más cercanos que da lugar al estigmatizado como “capitalismo de amigos”. Lo que en un país desarrollado se da entre los amigos de una clase social, en el subdesarrollado, el Estado favorece a los más cercanos integrantes de aquellos que no pudieron apoderarse como clase del  Estado. Es decir de aquellos que no pudieron hacer una revolución burguesa. Por todo ello hablar de un capitalismo de amigos en la Argentina  es una perogrullada. Y decir que el capitalismo de amigos en un país subdesarrollado resulta así inevitable, es políticamente incorrecto. Exactamente a lo que queríamos llegar.

“LA JUSTICIA TIENE QUE SER INDEPENDIENTE”

El filósofo griego Protágoras, casi cuatrocientos años antes de Cristo afirmaba: “La justicia es lo que el hombre rico dice que es”. En la democracia moderna nacida en el siglo XVIII, la burguesía no realizó su revolución para caer bajo las garras de la pretendida justicia independiente. Es una justicia que desde su origen nació para ser la última trinchera del poder económico. A lo largo de más de dos siglos hubo avances hacia el estado de bienestar, que fue una concesión necesaria del capitalismo ante la presencia amenazante del comunismo, y que fue el momento de su mayor crecimiento cuando morigeró en pequeña escala las desigualdades sociales. Sobre deficiencias del modelo con presencia activa del Estado actúo el neoliberalismo que apostó a la competencia armamentística, nuclear y balística, que junto a las insuficiencias y debilidades del modelo soviético produjo la implosión de éste. Sobre las piedras del Muro de Berlín se edificó el mundo actual con un predominio hegemónico del capital financiero que pone en tela de juicio la sustentabilidad del modelo capitalista.

En la mejor versión de capitalismo y mucho más en la expresión más feroz, la justicia no puede ser independiente. Será  más o menos dependiente pero nunca independiente. Sólo en ciertas fisuras circunstanciales, en un clima político especial, como en Brasil actualmente, poderosos empresarios tienen como alojamiento las cárceles.

El periodismo militante macrista, hace bandera  con la idea que ahora si la justicia es independiente. Es la justicia que llamativamente consideró,  a los quince días de haber asumido Mauricio Macri, contra lo que venía sosteniendo en dos instancias, que no había elementos para llevarlo a juicio oral por las escuchas. La misma que absolvió a Prat- Gay. La que ha determinado ahora la inocencia del actual presidente del Banco Central Federico Adolfo Sturzenegger por la causa del megacanje. El macrismo no intervendrá en los casos que la justicia vaya contra funcionarios del  gobierno kirchnerista. Otro será el cantar cuando alguien se atreva a ir contra funcionarios macristas.

En medio del tarifazo que llegó a la justicia, en forma oculta Ricardo Lorenzetti visitó en la Casa Rosada al presidente de la Nación, sin que estuviera presente, como lo exige la ley, la otra parte.

Ni La Nación, ni Clarín, se rasgaron las vestiduras. La hipocresía  es de un desparpajo superlativo!

UN APORTE GRIEGO

Yannis Stavrakakis, politólogo griego, escribió: El término “posdemocracia” surge en la última década en sociología y en teoría política para comprender conceptualmente y marcar críticamente las patologías contemporáneas de la democracia liberal, sobre todo en relación a las condiciones que establece el capitalismo tardío. En este tipo de regímenes el aspecto formal de las instituciones democráticas permanece intacto: por ejemplo, las elecciones se desarrollan normalmente para las transiciones de un gobierno a otro. Aún así, la magnitud del debate electoral se transforma en un espectáculo controlado, manejado por expertos y regulado por los medios de comunicación dominantes, donde se tratan temas seleccionados por ellos y donde la ciudadanía queda reducida a un papel pasivo. Entonces, cuando se intenta realizar un verdadero cambio (como en Grecia en 2015) los gobiernos se dan cuenta de que el alcance de sus movimientos está muy restringido por las –supuestamente independientes– instituciones supranacionales (el Banco Central Europeo, el FMI, etc.). En este sentido, la política en tiempos posdemocráticos se forma cada vez más por la interacción entre los gobiernos electos y por las instituciones de élite, así como por los organismos que representan mayoritariamente intereses comerciales. Este predominio de las fuerzas del mercado en la política no es considerado escandaloso, como lo fue en el pasado, algo que debía ser camuflado de alguna forma ahora de ninguna manera se esconde. Esto es abiertamente abrazado y, de hecho, las instituciones públicas quedan subordinadas a esta dinámica. La nueva gestión pública, en este sentido, ha buscado reformar las instituciones –hospitales, universidades, etc.– de acuerdo a los lineamientos del sector privado. Entonces, posdemocracia significa “democracia sin demos”, como indicó Jacques Rancière, donde el pueblo desaparece de la escena política y su papel en la toma de decisiones es reemplazada por una aristocracia tecnocrática, y donde la soberanía popular es reemplazada por la soberanía de mercado. En otras palabras, el “pueblo” es registrado en la esfera política como la “población”, como un conjunto numérico de individualidades a ser administrado y disciplinado biopolíticamente. Cuando las resistencias emergen, cuando las nuevas subjetividades democráticas y populares se formulan, sus demandas son denunciadas y desacreditadas bajo la etiqueta del peligroso e irresponsable “populismo”. Si la defensa de las instituciones democráticas y los intereses populares hoy lleva el nombre de populismo, entonces quizás el populismo necesita ser tomado y canalizado en direcciones progresistas….. Desde la antigua Grecia, la deuda fue un instrumento de dominación y explotación, siempre uno muy brutal. No debemos olvidar que el establecimiento de la democracia de Atenas está relacionada con la cancelación de la servidumbre por deudas, con Solón de Seisachteia. También sabemos que la deuda funciona para establecer y reproducir relaciones de dependencia colonial. En muchas coyunturas históricas las relaciones de deuda estructuran el lazo social, sobredeterminando los modos particulares de dominación económica y política.”

POLITICAMENTE INCORRECTO

Lamento desilusionarlos. No es políticamente correcto pero  es  imprescindible ir por la colectora para evitar aquello  intrascendente  que calma las conciencias inquietas pero  que conduce de ninguna parte a la nada. Por lo tanto  hay que desnudar la falacia de  acudir a la necesidad de dar  tiempo para saber hacia dónde “CAMBIEMOS” encamina al país, porque el gobierno con sus  hechos es transparente en que intenta implantar en forma definitiva un modelo agro-exportador mixturado con el de rentabilidad financiera con sus tremendas consecuencias; por lo que resultará inútil cobijarse en lo políticamente correcto. Por lo tanto oponerse claramente, afirmando que el éxito del gobierno es un fracaso gigantesco para la mayoría del país, que no hay en el capitalismo de un país subdesarrollado algo ligeramente diferente a un capitalismo de amigos, que no hay justicia independiente porque la misma ha sido creada para garantizar los derechos de los poderosos, todo lo cual es políticamente incorrecto, pero mucho más cerca de sintonizar con la realidad. Afirmar todo esto, apenas un pequeño muestrario de muchas zonceras más, es políticamente incorrecto. Pero es la única forma que muchos ciudadanos con suficientes años perciban que los Reyes Magos son los padres. De caminar circunstancialmente por lo políticamente correcto no está nadie a salvo. Incluso el autor de esta nota.

fuente: diarioregistrado

Print Friendly

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

4 + 3 =