Pérez Corradi: la mención de Aníbal Fernández la negoció con Cambiemos

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“La Morsa es Aníbal Férnandez”. La frase copó los portales de noticias y los graff de los noticieros. Ibar Esteban Pérez Corradi, tras más de cuatro horas de declaración frente a la jueza María Romilda Servini de Cubría, había dicho lo que todos muchos querían escuchar. Nada más y nada menos que lo mismo que le había dicho “off the record” a un funcionario del ministerio de Seguridad de la Nación en Paraguay, horas después de haber sido detenido. Y que era parte de la negociación que había hecho con el Gobierno argentino para aceptar ser extraditado.

Horas más tarde, la versión mediática cambió. En realidad, lo que hizo el financista, quien pasa sus primeras horas de detención en el edificio Centinela de Gendarmería, fue insinuar sin decir. “Forza me dijo que la Morsa era Aníbal Fernández”. O sea, puso la frase en boca de una de las víctimas del triple crimen de General Rodríguez. Además de prometer que entregará documentación que involucraría a funcionarios kirchneristas. Algo que por el momento no sucedió y que el detenido está analizando con sus abogados hasta dónde le conviene avanzar según la estrategia de defensa que tienen pensada.

La estrategia. Los políticos piden a gritos que Pérez Corradi se acoja a la “ley del arrepentido” y que nombre a todos los funcionarios que habrían participado (o tenido conocimiento) del tráfico de efedrina del que se lo acusa. Por el momento, el financista no lo hará. Jugará estratégicamente y aprovechando el interés que pesa sobre sus dichos, principalmente el de los funcionarios de Cambiemos.
“Arrepentirse implica directamente reconocer el delito por el que se lo está acusando”, explicó una fuente de su entorno. Sobre todo en la causa del triple crimen de General Rodríguez (por el asesinato de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina en agosto del 2008) eso significaría reconocer haberlos mandado a matar. Por eso, al menos en esa causa, arrepentirse está descartado por él y sus letrados. “Es casi imposible probar una autoría intelectual en cualquier causa. Menos en esta en la que, incluso, los acusados como partícipes necesarios (Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci) desvinculan a Pérez Corradi”, afirmó un allegado a la defensa del detenido. Al cierre de esta edición, había declarado ante la jueza María Romilda Servini de Cubría, a quien le habría dicho que la famosa “Morsa” es, nada más y nada menos, que Aníbal Fernández. Además, respondió escuetamente algunas preguntas más, durante cuatro horas de declaración que el imputado ampliaría el jueves 7 o el lunes 11, según disponga la magistrada.

La otra causa importante que debe afrontar el financista es la de lavado de dinero en el marco de la mafia de los medicamentos, en manos del juez Sebastián Casanello. Pérez Corradi tuvo muy duras palabras hacia el magistrado y remarcó su desconfianza sobre el proceder del juez.

Todo indica que tampoco se arrepentirá ante Casanello. Su jugada estará a merced de la habilidad de sus letrados. “A Casanello podría darle nombres y detalles, como hará con Servini, pero nada más por el momento. Leonardo Fariña se acojió a la figura de arrepentido después de estar dos años preso y cuando vio que no tenía forma de zafar. Pérez Corradi piensa hacer lo mismo”, deslizan sus allegados.
En otras palabras, esperar que surja algo contundente de las indagatorias del financista, por el momento, es una utopía, salvo la acusación directa contra Aníbal Fernández, que era parte de lo que negociaron sus abogados con funcionarios del Gobierno para aceptar la extradición. Otro punto de negociación había sido no quedar detenido en el Servicio Penitenciario Federal ni del bonaerense porque teme por su vida. A lo que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, accedió, poniéndo al detenido bajo la custodia de la Gendarmería e instalado al Edificio Centinela.

El lunes 11, Pérez Corradi volverá a enfrentar a la jueza. Se espera que en la segunda declaración, de una serie de no menos de cuatro más, comience a dar datos concretos. Algo que, por el momento, no es más que una promesa incumplida.

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